Desde Mamishaus para ti
Una Pascua de Recuerdos Internacionales
La Pascua es una festividad que se celebra de maneras muy diferentes alrededor del mundo, pero lo que siempre une a cada uno de esos lugares es la sensación de renuevo, esperanza y alegría. He tenido la fortuna de viajar por distintos rincones del planeta, y en cada uno de esos destinos he podido descubrir nuevas formas de conmemorar esta fecha tan especial.
En 2012, un viaje a Finlandia me permitió conocer una tradición encantadora: las celebraciones de Pascua se entrelazan con ritos de primavera y renacimiento, simbolizando la luz que regresa tras el largo invierno. Cada año, coloco con cariño un huevo de madera adornado con filigranas doradas entre mis decoraciones de Pascua, y su delicadeza siempre me recuerda el frío y la serenidad del norte de Europa.
En 2015, mi visita a Beijing fue memorable, ya que, a pesar del frío intenso de diciembre, decidí salir a explorar los mercados tradicionales de la ciudad. Entre las coloridas calles, encontré un huevo de piedra decorado con intrincados detalles. Aunque el frío me congelaba las manos, supe que debía llevarme ese pequeño tesoro para decorar mi casa en Pascua. Ese huevo se convirtió en un recuerdo de mis vacaciones en Beijing y en una pieza muy especial de mi colección.
Mi viaje a Bolivia en 2019 me sumergió en una Pascua con matices únicos. Durante ese viaje, me encontré con un hermoso huevo de sal, hecho a mano con sal del desierto, que refleja la esencia de la tierra boliviana. Es fascinante cómo un material tan simple como la sal puede transformarse en una obra de arte que evoca la majestuosidad del Salar de Uyuní, uno de los paisajes más hermosos que he tenido el privilegio de conocer.
En Budapest, en 2017, aunque era verano, me encontré con un huevo de cerámica que me cautivó al instante. Estaba exhibido en una ventana, y sus filigranas en azul brillante eran tan maravillosas que me enamoré de él de inmediato. Aunque no era la época de Pascua, su belleza me llamó tanto la atención que supe que debía ser mío. Ese huevo se convirtió en una pieza fundamental de mi colección, y cada vez que lo miro, siento la calidez del verano europeo y la elegancia de Budapest, una ciudad que tiene una magia única.
Así, la Pascua es un viaje personal lleno de momentos especiales vividos en cada país que visité, y también en las pequeñas cosas que he coleccionado a lo largo de los años. Los huevos de Pascua son, para mí, más que simples decoraciones; son símbolos de las distintas tradiciones, recuerdos de mis viajes y de las personas que se cruzaron en mi camino.