La taza rosada
Todo lo que representa una taza. Desde los primeros recuerdos de infancia hasta esos que vienen a tu memoria una hora antes de que termine tu 58º cumpleaños.
Recuerdo; por ejemplo, esa primera taza de peltre, donde aprendí a beber café, guayoyito y dulce, en ese día de aguacero recio protegidos solo por la mediagüita humilde del campesino que nos ofreció un porche para resguardarnos de la tempestad en alguna parte de mi Venezuela querida.
Recuerdo también esa taza marrón jaspeada, más bien pesada, en la mesa de la abuela en Ecuador, donde se compartía lo vivido durante el día bebiendo ese chocolate espeso, oloroso y brillante y pescando; con pan fresco comprado en la panadería de la esquina, trozos de queso blanco que se encontraban en el fondo de esa taza.
Recuerdo también mi primera taza de café sin azúcar, recién llegada a Suiza.
Y, al mismo tiempo vienen a mi memoria esos incontables momentos donde tomé café o té en la mesa de mis suegros, contándole a "mi grossi" mis inquietudes, mis esperanzas, mis logros y mis miedos: ella; sabia, solo escuchaba.
No olvido tampoco esa primera taza que le regalé a “mi amigo de siempre”, con la foto de nuestras niñas.
Y aún conservo aquellas tacitas de espresso pintadas a mano por mi ahijado.
Y, una de las más importantes, fue esa color melocotón que recibí como bono para un paseo en coche de mi hija menor, orgullosa de crecer y probar ser adulta con su licencia de conducir en el bolsillo.
Ahora le llegó el turno a mis recuerdos de viajes: tazas compradas en EE.UU hechas en China y con el mapa de la Florida, tazas compradas en Viena, Praga, Brasil, Munich, Australia, Bejing, Berlin, Granada, Londres, Dublin, etc. Todas con una historia que contar.
Recuerdo con un calorcito muy acogedor esa taza que recibí con la foto de mi primer nieto, que aún calienta mi corazón aunque el café esté frío.
Recuerdo hoy por la mañana a mis nietos descubriendo el mundo y llevando en sus pequeñas manitas sus tacitas a la mesa para celebrar el cumple de la titis.
Y hoy recibo también una taza esa de color rosado, color que me recuerda que yo soy aún la protagonista de mi vida, donde sentirme agradecida de mi vida cotidiana es el mayor regalo.
Las flores silvestres y frescas también regalo me enseñaron también que la belleza está en la combinación de lo diferente.
Dos regalos unidos por la armonía del color en todos sus matices, me enseñan a apreciar la vida desde una perspectiva más serena.
Vivir significa ser la protagonista de tus días y no la víctima de los acontecimientos.
Tener miedo, ansiedad, tristeza, soledad, frustración se vale, cuando sabes que cada día puedes decorarlo a tu gusto, apreciando los detalles que te ofrece la misma vida.
Así que a seguir cumpliendo años para seguir bebiendo café y disfrutando de charlas bonitas con los tesoros que te rodean: tu familia.
Gracias a mi amigo de siempre por haberme regalado dos mujeres valientes y gracias a mis mujeres bellas por haberme regalado cinco chicos maravillosos.